SOBRE LA HISTORIA DE CHINASKI CAFÉ BAR Y LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA
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Chinaski Café Bar. Foto: ABZ studio. |
¿Cuándo abriste el Chinaski y cuál fue tu inspiración?
Abrimos en octubre de 2017. La idea ya la venía pensando desde que viví en Barcelona, entre 2015 y 2016, donde tuve mucho contacto con ese tipo de lugares, que me parecieron interesantes, porque es una ciudad muy de bares, de cantinas, de espacios así. Ahí me surgió la idea de crear este espacio en función de las necesidades que yo encontraba que no se cubrían aquí en Quito, cuestiones estéticas y conceptuales que también veía que no se habían trabajado acá. Aunque sí hay algunos lugares de coctelería, aquí la oferta es reducida.
¿Cómo fue el proceso para decidirte?
Para ya lanzarme con el negocio, hubo varios factores que se cohesionaron. No tenía idea de cómo montarlo, pero la Dome, que es mi pareja, ya tenía experiencia administrando negocios de este estilo. Descubrí que hacer algo así es un mundo, desde los temas administrativos hasta el sondeo de mercado, me pareció complejo; todo eso fui aprendiendo en el camino. La Dome me ayudó a animarme, sobre todo en cuestiones administrativas y de funcionamiento del local. Yo ya tenía muchas ideas que traje de Barcelona, pero solo no lo hubiera podido hacer. También le conocí al Ribuk, que fue el primer barman del Chinaski, en fiestas y eventos privados donde él hacía cocteles, es un chico súper prolijo y estudioso, dedicado a la mixología. Se me ocurrió conversar con él y de a poco le fui convenciendo para que se uniera al proyecto, con él empezamos a juntarnos y a generar ideas de nuevos cocteles. De ahí apareció otro amigo arquitecto, a quien le dicen Saint; él ayudó con el diseño del local, que en realidad antes era una bodega, un espacio botado al que lo construimos desde cero, transformándolo en lo que buscábamos: un lugar con barras al estilo cantinero, pero al mismo tiempo acogedor –utilizando madera–, y que no fuera tan grande, optimizando los recursos con distintos materiales. Entonces, basándome en mis experiencias de vida, en lo que me ha ido pasando y en mis gustos, fusioné todo para lanzar este concepto que se llama Chinaski.
¿De dónde viene el nombre y por qué lo elegiste?
Chinaski es el alter ego del escritor alemán-estadounidense Charles Bukowski (1920-1994), que es uno de los escritores que en una temporada me sedujo, leí muchas de sus obras. Con algunas cosas me identifiqué, con otras no tanto, pero siempre me pareció divertido. En sí, Henry o Hank Chinaski es un personaje bohemio, rebelde, desadaptado. Tiene ese espíritu irreverente que me encanta, con el gusto por el licor, pero no necesariamente por la coctelería, que sería algo más refinado. El concepto del Chinaski es esta onda bohemia que se da en la barra de los bares. Henry Chinaski es un hombre de barra, con eso me identifico y me encanta la estética y el concepto de los personajes de la barra. Es decir, es un espacio al que uno va –no siempre acompañado, puede ir solo–, se sienta y tiene una interacción, por ejemplo, con el barman, y en general con la gente que trabaja en el bar, sin tener que interactuar con nadie más; eso es lo que más me ha gustado y pienso que lo he logrado, porque he conseguido ese tipo de clientes: gente que va sola y empieza a conversar; esa es la estética del bar que yo buscaba, para gente bohemia, a la que le gusta tomar, disfrutar de un buen trago y conversar, contar anécdotas.
Todo está inspirado en la estética bukowskiana. El logo del Chinaski lo trabajamos con el Juanito Rodríguez, del estudio de tatuajes Skull of Ages. Le di unas ideas, le dejé unos dibujos y le conté, justamente, sobre Bukowski. Hay una cara de este escritor que es muy dibujada, de la que existen infinidad de versiones; es una foto suya, en la que unos dicen que está sonreído, otros gritando. Muchas obras, en distintos formatos, se basan en esa cara, entonces, el Juanito Rodríguez, que es un gran artista, hizo su interpretación de esta foto famosa, específicamente para Chinaski. El logo tiene esa fusión de la idea bukowskiana y, al mismo tiempo, la estética del artista, que tiene mucha influencia del cómic, con un estilo atractivo, más moderno. Tengo algunos libros de un dibujante alemán, llamado Schultheiss, que convirtió en cómic algunas historias de Bukowski, en las que Henry Chinaski aparece como que fuera Bukowski; entonces, jugamos con esa idea.
¿Te ha funcionado la propuesta de picadas, inspiradas en las tapas españolas, a pesar de que en Ecuador no existe la cultura de tomar y comer?
Con la comida ha sido un trabajo más complejo, primero porque el producto principal que ofrecemos es la coctelería. Yo viví un par de temporadas en España y ahí sí hay esa cultura del tapeo, sobre todo en Madrid, donde estuve primero. En Chinaski traté de reproducir algo parecido: hacer que ciertas picaditas puedan acompañar a un buen trago, o sea maridar en función del licor que se esté tomando. Nosotros usamos mucho el vermú (también vermut, o vermouth en francés), porque es un licor afrutado, fácil de tomar. Tuvo su auge en España, en la época del franquismo, como alternativa al vino, a raíz de la posguerra en las épocas de conflicto, cuando había mayor escasez. Es una bebida más duradera que el vino, se puede abrir y cerrar. El vino se daña muy pronto, en cambio un vermú tiene esa virtud de que puedes usarlo a más largo plazo. En España es muy común, aunque es un licor originalmente italiano, existe mucha cultura de vermú, incluso muchos lugares específicos son solo de vermú y hay hasta la hora del vermú. Se trata de un licor que te lo tomas a la media tarde, bajativo, dulcesito. Fueron esas cuestiones interesantes, de otras culturas, que he querido acoger para que la gente disfrute y pueda tener esta alternativa; además, al estar comiendo, la gente puede tomar más. Alguien que solo toma se va a emborrachar demasiado rápido, entonces es bueno estar picando algo para poder disfrutar más de los tragos. Con la comida, la idea era hacer un sincretismo, una fusión de sabores con ingredientes locales, usando por ejemplo tortillas de maíz. También tenemos un pan integral con berenjena, que es una verdura mediterránea; aunque sí mantenemos una parte tradicional, tratamos de fusionar sabores que resulten agradables y novedosos, porque mucha de la gente que viene es de la zona de Cumbayá, son clientes que ya han probado ese tipo de comida, que han viajado, que conocen esos tragos, los buscan y los disfrutan. Hay otros lugares que tienen una oferta parecida, pero yo me he centrado no solo en la coctelería clásica, sino también en la experimental y pienso que ha resultado atractivo.
Coctel chilcano. Foto: Ricardo Rodríguez. |
Es por temporadas. Ha habido oleadas de fama de ciertos cocteles. Al principio mucho el negroni, pero, por ejemplo, tenemos un coctel que se llama Pedro, solicitado por un cliente frecuente que teníamos, que lleva picante y jengibre, es tipo michelada. Él nos dijo sus gustos y le creamos su coctel y por eso lleva su nombre. Empezó a pasarse la voz y, al principio, vinieron a pedirlo los amigos de este mismo Pedro, por la novedad de que él tenía un coctel con su nombre y, después, empezó a venir gente a pedir Pedro sin cachar de donde salió, simplemente porque les gustó; hubo una época en que pedían muchos Pedros. Por ejemplo, unas clientas amigas fans del Pedro fueron las hermanas Khalifé, les encantó. De todas maneras, el negroni es un coctel que sigue de moda, todo el mundo lo conoce y lo pide en todo lado. Además, es muy fácil de hacer. Aunque para hacer un buen negroni se deben usar buenos ingredientes, como un buen tipo de gin o vermú, sí hay negronis más ricos que otros. Otro que sale mucho es el Moscow Mule, que también está de moda porque se sirve en un vaso y sorbete de cobre, estéticamente es llamativo, además de rico y refrescante. También los tragos que llevan aperol son novedosos y salen bastante. Asimismo, están los clientes del Chinaski que es una mezcla interesante de café, limón y gin. Aunque a mucha gente no le gusta el café, entonces tampoco es un trago tan fácil, pero sí tenemos clientes específicos solo de Chinaski, que también tuvo sus temporadas. En una época venían unos clientes y se tomaban veinte chinaskis entre cinco personas. Solo pedían eso. Pasa mucho con los clientes frecuentes que siempre se piden lo mismo, no prueban otra cosa. Tenemos otros clientes solo del negroni, otros de martinis. Algo distinto que ofercemos es el fernet, que también tiene sus propios clientes. Son gustos especiales de gente que solo va por eso y que no piden nunca otro trago, lo cual me sorprende un poco porque yo no soy así, a mí me gusta probar de todo, pero así hay gente que solo va y toma lo mismo siempre.
¿Entonces el Bar Chinaski está más inspirado en la coctelería europea?
Sí, es mucho más coctelería europea, pero tenemos también chilcanos, que son cocteles clásicos de Perú. Usamos pisco peruano para algunos cocteles y también hacemos macerados; es decir, buscamos equilibrar la oferta con ciertas bebidas latinas. Nos gusta mucho el pisco y por eso jugamos mezclándolo; tenemos cocteles, de autoría de nuestro bartender anterior como el piscomouth, que es con pisco y vermú, o el Palomino, que lleva pisco y aperol, y un macerado de frutos rojos.
¿De comida, qué es lo que más vendes?
Tenemos unas empanadas chilenas, hechas por una señora de Chile, esas son las que más salen. Lo que he observado es que la gente en la comida no se atreve mucho a probar cosas distintas. Por ejemplo, si les dices empanada, ya saben cómo es una empanada, entonces se van por lo fácil. Yo creo que acá la gente es conservadora con el tema gastronómico, en general, no existe la tendencia a experimentar; hay gustos muy locales y prefieren comer lo que ya conocen. Tengo unas papas salteadas con hierbitas y choclos, que también es un sabor conocido, es otra cosa que sale bastante. Pero ese pan integral que te decía, que es más elaborado y lo servimos con berenjena, así como unos champiñones con cúrcuma que ofrecemos, solo se pide cierta gente que conoce; muchos no tienen idea de qué es la cúrcuma, por ejemplo, y les da recelo. También existe el temor al picante, muchos lo evitan. Tenemos una tapa que lleva chorizo picante y me he dado cuenta de que es algo que pide la gente que tiene ciertos gustos. Las tortillas de maíz sí salen, ya tienen sus clientes específicos. La gente piensa, al principio, que se trata de las tortillas de México, ecuatorianos que no cachan las tortillas de acá, las de tiesto. Pero les hacemos probar y les encanta, porque de verdad son muy buenas.
¿Quién crea los nuevos cocteles?
Los hemos creado entre los tres, con la Dome y el bartender. Cada uno lanza ideas. Por ejemplo, el Chinaski fue idea mía, porque quise crear un coctel con café y gin. Es un trabajo en equipo, pero finalmente el bartender es el que hace las mezclas y una vez que él junta los sabores que le sugerimos nosotros, todos probamos. Me resulta divertida la mixología.
¿Los cocteles que no llevan alcohol sí se venden?
Se venden menos, pero sí hay clientes de coctelería sin alcohol, así como tenemos clientes solo de fernet, solo de Chinaski, solo de Pedros, también tenemos unos que solo piden sin alcohol. Hay un cliente que va todos los días, te juro que no hay un día que no haya ido –antes de la cuarentena–, y él no toma alcohol, esa es la paradoja. Se toma los cocteles sin alcohol o tés, y come también, pero es vegano, entonces solo come las papas. Va todos los días y se sienta a conversar ahí, es un cliente fiel.
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Entrada de Chinaski. Foto: Pablo Castañeda. |
Al principio era algo de lo que había poca información, estábamos bastante incrédulos sobre los efectos de todo lo que está pasando. Creíamos que era exagerado y hasta el último minuto tratamos de abrir porque no podíamos creer, estábamos muy sorprendidos de que pudiera pasar algo así. Cuando iban a decretar la cuarentena, teníamos un concierto de música brasileña y hasta el último minuto estuvimos dudando de hacerlo o no. No había información clara, el Gobierno manejó, como hasta ahora, todo pésimo; al final, decidimos cancelar el evento. No teníamos clara la magnitud del problema, ni cuánto tiempo iba a durar, nos cogió desprevenidos y seguimos en shock. Cuando nos dimos cuenta de que era grave, empezamos a buscar alternativas. El tema económico es muy jodido porque tenemos que pagar proveedores, arriendos, empleados, sin poder vender, es un lío. En estos días, empezamos a abrir en horario reducido y, desde hace algún tiempo, estamos activados con el servicio a domicilio. Teníamos que resolver temas logísticos, técnicos y de pruebas, para que saliera bien, es distinto envasar un coctel que servirlo al momento; una de las cosas que siempre buscamos es mantener la calidad y el sabor, o sea que el producto del local no sea distinto en el delivery. Siempre va a haber alguna cuestión que pueda variar, porque no es lo óptimo, pero en eso estuvimos este tiempo, para que les llegue lo mejor a nuestros clientes. Por suerte tenemos algunos clientes fieles y, como esta sociedad es bohemia, siempre va a haber quien busque alcohol por la ciudad, o gente a la que le guste tomarse un buen traguito, algo distinto, no solo emborracharse sino también disfrutar una experiencia de sabores. Hemos vuelto a trabajar bajo las normativas técnicas que se requieren para locales de alimentos y bebidas, por ejemplo, es muy importante el uso de las mascarillas y el alcohol en gel –que hemos puesto en la entrada y en las mesas–, veamos qué tan funcional nos resulta, porque el trip del Chinaski es el de la barra; es extraño mantener un metro de distancia en una barra.
¿Crees que los bares puedan volver a funcionar como antes?
Como antes no creo, o sea es difícil después de todo este trauma que se ha vivido, la gente seguramente se quedará medio shockeada, pero siempre habrá quien busque un espacio como un bar. Tenemos un cliente que nos escribió que el bar es como su segunda casa, que es un lugar donde puede desahogarse, hasta decir cosas que no puede decir en su propia casa. Es un espacio de desfogue, de desahogo. Creo que el control de la pandemia depende mucho de las dinámicas culturales y sociales de cada pueblo, por ejemplo en Alemania ha resultado más fácil manejar la situación porque la gente normalmente no se acerca mucho, no se está tocando, no busca interactuar, es más individualista, de esa forma resulta más viable manejarlo; acá los latinos somos más de tocarnos, abrazarnos y estando borrachos hay esa inclinación a acercarse a hablar, a desinhibirse. Es un tema social y cultural, tenemos que cambiar esos hábitos y adaptarnos. De todas maneras, de a poco nos volvemos a activar en el local y el servicio a domicilio ha sido una oportunidad viable y sigue funcionando, es bastante cómodo. Creo que a la gente de acá le gusta salir, compartir en un lugar distinto que no sea la casa; pasaremos por un periodo de trauma y miedo, para después olvidarnos y volver a las calles.
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Negroni botella delivery. Foto: @chinaskibaruio. |
¿Qué ha sido lo más difícil de sobrellevar en este tiempo, lo más complejo para ti en el Chinaski?
Lo más difícil ha sido adaptarse a la nueva dinámica y superar el shock de no haber tenido tanto tiempo nuestro espacio de trabajo, de interacción y de no haber podido estar con nuestros clientes. En un bar, la barra es súper importante, es donde se puede interactuar y conversar, es un espacio de descanso, de desfogue, incluso para nosotros, por eso nos costó mucho el encierro. En lo económico igual, ha sido difícil este golpe porque hemos tenido que gastarnos de donde no tenemos para poder salvar el negocio, para pagar a los empleados, al seguro y tener que cubrir con todas las obligaciones; ha sido durísimo, sin poder trabajar normalmente.
¿Cuánto tiempo tuviste cerrado el bar?
Lo cerramos el 17 de marzo, fueron 3 meses, durante los que hemos seguido pagando sueldos, porque la gente tiene que vivir. De todas formas, siempre estamos optimistas. O sea, básicamente, lo bueno es que siempre va a haber una cultura del alcohol; así como hay restaurantes, también siempre va a haber la gente que quiera tomarse un traguito, como ya dije, entonces pienso que no es el fin de los bares; tenemos que adaptarnos a los contextos, al entorno, encontrar nuevas oportunidades, crearlas nosotros mismos. En este momento, la clave es la creatividad para ver cómo se logra salvar el kiosko en este escenario distinto.
Gracias por leer.
Por: La jibarita trashumante
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