domingo, 26 de abril de 2020

ENTREVISTA A PAULA MOLINA, LA MOLIENDA ORGANIC MARKET (GUAYAQUIL, ECUADOR)

SOBRE CÓMO EMPEZÓ LA MOLIENDA Y LOS CAMBIOS EN TIEMPOS DE COVID-19



Paula en la Molienda Organic Market, Urdesa.




¿Cómo surgió la idea de abrir La Molienda?


La idea la tuve desde que vivía en la playa, en 2008. Quería abrir una tienda de productos orgánicos y naturales, inspirada en las dietéticas argentinas. En esa época no había tanto producto en Ecuador, ni gente que produjera lo que yo estaba buscando; no existía aún esa pequeña industria, ni los emprendimientos que surgieron luego, por necesidad, a partir de la subida de los aranceles a las importaciones; la gente empezó a producir local y más barato, había más ferias –más o menos entre 2009 y 2010–,  por ejemplo La feria de la pulga o la de La Carolina, en Quito. Pasó el tiempo y no abrí, hasta que vine a vivir a Guayaquil, en 2013, entonces retomé, junto con más personas de mi equipo, la coordinación de una finca familiar que tenemos que se llama El Retiro, al sur de la provincia del Guayas, que se adquirió en 2010. Arrancamos haciendo entregas a domicilio; aunque me parecía una buena experiencia, siempre tenía en mente la idea de abrir una tienda propia. Empecé a conocer más marcas al visitar las ferias y me pareció que sí había el chance de abrir la tienda que estaba pensando, que ofreciera, en un solo lugar, los productos naturales y orgánicos que estaba conociendo. Entonces, inauguramos La Molienda en febrero de 2017 y dejamos de hacer las entregas a domicilio.


¿Cómo fue el proceso de decidir el local en un garaje?

Era un espacio que estaba abandonado, ni siquiera se usaba de garaje sino de bodega. Cuando alguien de la familia ya no necesitaba algo, lo dejaba ahí. Entonces, hablé con mi tía Meche –quien está a cargo y es la persona que ha apoyado y ha tenido siempre la visión de producir nuestros propios alimentos y tener una tienda así– y le pregunté qué le parecía la idea, que ya la había visualizado en ese lugar. Primero, porque se encuentra en una calle súper transitada; segundo, me podía ahorrar el alquiler y, como nadie lo usaba, lo aprobaron. Le pedí prestado dinero a otra tía y ahí abrimos, con una inversión inicial de 12 mil dólares.

¿En cuánto tiempo estuvo lista La Molienda?

A principios de noviembre de 2016, empecé a preparar el lugar y a hablar con mis primas, Valeria y Paulina Molina, que tienen un local en Samborondón, para unir fuerzas. Así que recurrimos al diseñador guayaquileño Andrés Garay, para establecer el logo y, a mediados de noviembre, ya empezamos la construcción, con Andrés Izurieta, que es arquitecto; contratamos a los maestros albañiles, buscamos muebles por internet y decidimos los detalles de la decoración. En febrero de 2017 abrimos, ya tenemos tres años trabajando en Urdesa, a mi cargo, y un año en Samborondón, a cargo de mis primas.

¿Cómo es la coordinación con los trabajadores de El Retiro?

El encargado es Pablo Cicarilli, nuestro coordinador. Hasta hace pocos meses trabajaban solo tres personas en la producción. Recién se reincorporó un trabajador que estaba en El Retiro hace años, se llama Narciso. Si tuviéramos más trabajadores podríamos producir más. Por ejemplo, La Tamia, en la provincia de Cotopaxi, tiene un trabajador por hectárea. Nosotros tenemos ocho hectáreas cultivables, es decir que trabajamos con la mitad del personal necesario. Nos falta mucha inversión, un mejor sistema de riego y otras cosas.


¿Cuáles han sido los mayores cambios en la dinámica del negocio en estas últimas semanas con la crisis del coronavirus?


Dio un giro completamente. Siempre me rehusé a las entregas a domicilio porque me parecía que eran muy demandantes, pero como en estos momentos la gente puede salir muy poco, nos tocó retomarlas. También, con el toque de queda se acortó el tiempo de circulación, así que tenemos poco tiempo para repartir los pedidos. Los motorizados trabajan hasta las 6 de la tarde, pero no puedo tener a los trabajadores hasta esa hora porque tienen que volver a sus casas antes de las dos, y es muy difícil y agotador para mí hacer sola las entregas. La gente se desespera y te presiona, pregunta a qué hora llega, muchas personas no tienen paciencia. Cambió totalmente nuestra manera de trabajar. Ofrecemos varios sistemas: se puede pedir antes e ir a buscar la compra al local –lo que acorta el tiempo en la tienda–, las entregas a domicilio o ir directamente, pero no dejamos entrar a los clientes; estamos atendiendo con la gente afuera. Mantenemos las puertas semiabiertas, con unas mesas para que desde ahí se hagan los pedidos. A veces tenemos más de dos clientes a la vez. Aunque el negocio no es masivo, de vez en cuando sí hay varias personas haciendo fila, porque se va atendiendo uno por uno.


¿Qué es lo que más se está vendiendo en estos tiempos?

Se están vendiendo mucho más las cosas frescas. Antes, los productos de El Retiro se vendían muy poco a la semana y ahora la gente se lleva hasta por racimos (tomando en cuenta que un racimo de plátanos tiene 60 unidades). Incluso Pablo tenía que regresarse con las verduras y frutas de El Retiro para que, aunque sea, sirvieran de abono, porque no se vendía todo; ahora, en cambio, nos estamos quedando sin nada. Primero guardamos lo que es para nosotros y la familia. Luego alistamos los pedidos para la gente que va a retirar al local y después hacemos las entregas por barrios. Veo que lo que más necesita la gente es comer. Nos hemos dado cuenta, con todo esto, que la necesidad primaria es tener salud y comida, nada más, de ahí el resto no importa: la ropa, las joyas, las cosas en general; la gente necesita comer bien para vivir.

¿Se siente la falta de alimentos en Guayaquil?

Pablo fue al mercado hace un par de semanas y dijo que el 80 por cierto estaba cerrado, no se ofrece mucho. Por el contrario, los supermercados siempre están abastecidos pero te toca esperar y hacer una larga fila, porque solo están dejando entrar a quince personas a la vez, por turnos, para mantener la distancia social.

¿Qué es lo más importante que hay que tomar en cuenta, en estos momentos de crisis, en el proceso de venta de alimentos?

Hay que tener cuidado al armar la canasta. Llegó un momento en el que estábamos trabajando hasta muy tarde, nos sentíamos mareados y cansados y ya había gente a la que no le pusimos algunas cosas. O faltaron productos, porque no llegó el pedido completo desde las fincas, entonces no alcanzó para las últimas canastas. Es súper difícil complacer a todos cuando tenemos demasiados pedidos. Yo quisiera ahora atender menos y trabajar más con la gente que estuvo contenta. No ha resultado tan buena experiencia; hay gente que se queja de más, sin tomar en cuenta todo nuestro trabajo para lograr que les lleguen los alimentos a sus casas.

¿Cuáles son las mayores quejas de la gente?

Que las cosas están más marchitas, o aplastadas. Es que los productos llegan primero a la tienda, hay que sacarlos de las gavetas a otro lugar, después meterlos en un saco, porque en una canasta es imposible; con los cuidados de rigor, colocamos las cosas pesadas abajo y lo más delicado arriba, como los vegetales de hoja. Pero luego esto se manipula demasiado, se lo sube a un carro, luego hay que bajarlo y no todo se puede repartir el mismo día, no alcanza el tiempo. Los productos se empiezan a marchitar, por más que los tengamos en aire acondicionado; es que necesitan refrigeración y en La Molienda no hay cuarto frío, entonces se marchitan. Con esta experiencia nos hemos dado cuenta de que tenemos que entregar todo el mismo día, o máximo al siguiente día, pero no después. Nos pasó que entregamos cosas después de dos días y se complicó. Tampoco podemos darles tantas opciones a los clientes, en cuanto a las variedades de verduras, por ejemplo, las opciones como los distintos tipos de kale, la lechuga alemana, criolla o rizada, el perejil crespo y liso, eso ya no se ofrece, les entregamos lo que hay.

¿Qué precauciones están tomando para evitar el contagio por COVID-19 en La Molienda?

A parte de lo que ya comenté sobre las puertas semiabiertas con mesas para evitar que la gente ingrese, usamos mascarillas y guantes, y a la entrada ponemos los zapatos en cloro que tenemos en una bandeja. Limpiamos el piso todos los días también con cloro y las mesas con alcohol y, cuando entregamos los productos, los metemos en una funda de plástico y le ponemos alcohol afuera. La persona que recibe tendrá que limpiar sus productos, una vez más, cuando lleguen a su casa, como hacemos todos. Y al conductor de la moto también le entrego alcohol; usa guantes y una mascarilla diaria, de las desechables. También echa alcohol a las cosas de nuevo y a él mismo, para que así la gente se sienta más segura.

¿El resto de productos, que no sean comida, se siguen vendiendo?

Muy poco. De cosmética casi no se ha vendido nada. Champú y jabón, de vez en cuando; eso era lo que más se vendía, pero en estas semanas bajó por completo. No piden nada, porque hay otras prioridades, como son cosas que no se necesitan siempre, me imagino que comprarán cuando necesiten reponer el champú o el desodorante, por ejemplo. Lo que veo es que ya no hay compras compulsivas de otras cosas, sino solo de comida. Cuando hicimos las entregas, hubo gente que pidió demasiado, o son familias grandes o la gente no entiende la dimensión de lo que está pidiendo. Por ejemplo, una persona pidió 3 kales morados que se dañan enseguida. Hubo gente que pidió mucho, a algunos tuve que mandarles su pedido en dos sacos. Otra cosa que se está vendiendo un montón son los frutos secos, las harinas y condimentos, estoy ya casi sin nada de cosas al granel porque no tengo quien me envíe, yo pedía en Quito y en Cotacachi. Los frutos secos, como son importados, sí se consiguen en Guayaquil. Otros productos que tenemos, como las salsas y conservas, sí se venden, pero menos. Lo que está saliendo son los congelados (carnes vegetales, pulpas de frutas, el açaí, pancakes, etc.), tomates secos, miel y mermeladas; están vendiendo bastante las chicas de La Qabra Tira al Monte. Los yogures también salen, en cambio queso no hay mucho, lo que tengo lo estoy vendiendo por peso.

¿Cómo ves el futuro? ¿Qué crees que va a pase luego de la crisis con respecto a la alimentación y a la manera de consumir?

Ojalá que la gente valore el trabajo que estamos haciendo, porque a mí también me encantaría quedarme en mi casa. Al final recibo un sueldo de otro trabajo, pero pienso que todos necesitamos alimentarnos. Damos este servicio porque creemos que es un beneficio circular, hacemos que llegue a muchas manos; el dinero no se queda solo en La Molienda, se les paga a los proveedores, que no son pocos. Entonces, sigue moviéndose la economía gracias a esta dinámica; estamos tratando de que no se estanque y que sea justo para todos. No creo que volvamos a la vida normal como la conocíamos antes; personalmente, después de todo esto espero que no sigamos siendo iguales, no podemos seguir con ese mismo ritmo de vida, por algo estamos viviendo este proceso. Es una pausa que nos toca darnos como planeta, para entender cómo vivimos, cómo consumimos, es una pausa de ese consumo innecesario, de tener más de lo que necesitamos como ropa y zapatos. Creo que es momento de valorar lo que uno tiene, ser menos consumistas y alimentarnos mejor, eso me parece lo más importante. Esto nos está dando la pauta de que para evitar el virus necesitamos alimentarnos bien y así tener un buen sistema inmunológico, no comiendo porquerías y comprando cosas innecesarias, sino solo lo esencial. Necesitamos frutas, verduras, proteína. Es decir, comer lo más sano posible, yo creo que se viene un cambio de mentalidad, a la fuerza, de la forma en que nos alimentamos. No es un mensaje nuevo, de hecho mucha gente se alimenta bien cuando ya se enferma. A mí me pasó, aunque mi mamá siempre intentó darnos una buena alimentación preocupada por hacernos comer sano, cuando me dio cáncer dejé el azúcar, las harinas y un montón de otras cosas, entonces uno se empieza a cuidar cuando ya está enfermo. En realidad podríamos comer sano siempre, pero no lo hacemos.


Gracias por leer.


Por: La jibarita trashumante












Qué es trashumar y por qué "jibarita"

En Finca La Huella, Vaqueros, Salta, Argentina 2012
                                                                

Trashumar se recoge en el Diccionario de la Lengua Española (DLE) como "1. Dicho del ganado o de sus conductores: pasar desde las dehesas de invierno a las de verano y viceversa. 2. Dicho de una persona: cambiar periódicamente de lugar". Este término se refiere a una manera de pastorear el ganado, especialmente de ovejas y cabras, de un lugar a otro según la temporada, siempre trasladándose a donde está el mejor clima y el mejor pasto, regresando a los lugares donde vuelve a crecer. 


Tuve la suerte de observar de cerca el comportamiento de cabras y ovejas en Finca La Huella (ubicada en en Vaqueros, provincia de Salta, norte de Argentina), gracias a Olga Lubel y Jan Correa, quienes –sin conocerme– me aceptaron como voluntaria en su finca familiar por casi dos años; ahí me di cuenta de que esos animales siempre buscan comer lo mejor, al contrario de lo que se piensa, son muy listos. Me siento identificada con su trashumancia, porque yo también siempre trato de volver a los lugares donde encuentro la mejor comida y donde puedo vivir las experiencias más enriquecedoras, con gente de la que puedo aprender.

El nombre de este blog está compuesto por dos palabras con las cuales me definieron dos personas importantes para mí, en dos momentos distintos. Cuando le dije a mi papá que me iba de viaje, no le gustó nada la idea. Un día, hablando por teléfono desde algún lugar que no recuerdo, me dijo: "eres una trashumante", con un dejo de admiración, sorpresa y reproche. Al terminar la conversación, me quedó la duda de si me estaba criticando o elogiando.

Con el tiempo entendí que fue un calificativo muy acertado, porque durante los últimos diez años me he cambiado de lugar varias veces: he vivido en Argentina, Bolivia, Japón, España y Ecuador, que es mi base. Siempre vuelvo a Quito donde está mi hogar, pero he encontrado casas y gente querida en todas partes, y mi sueño es vivir en Japón.

El moverme de vez en cuando me ha ayudado a educar mi paladar con una variedad amplia de sabores, por eso me he hecho fanática del mate rioplatense, admiradora del salmorejo andaluz, aficionada al natto japonés (soya fermentada) y he prendido a preparar una rica colada de quinua paceña.

Los viajes no necesariamente son físicos, aunque suene cliché, de verdad existen otras maneras de viajar: a través de los libros, el cine, las plantas medicinales, las historias que nos cuentan o –más abstracto– a través de la meditación.

Con esto de la pandemia, no sé cuándo podamos volver a movernos, pero no creo que regresemos al frenesí que se estaba viviendo. Por eso me animé a hacer este blog, para compartir mis experiencias, reflexiones, cuestionamientos, historias sobre los lugares que he visitado y la gente que he conocido, así como los distintos tipos de viajes que he podido experimentar, todo esto relacionado con la comida.

Y  "jibarita" es una palabra compuesta, inventada por un amigo con el que trabajé durante dos años. Un día vino una compañera a mi oficina quien, al verme comer, me calificó de sibarita. A lo cual, mi amigo, que ya conocía bien mis costumbres alimenticias –porque compartía conmigo todos los días–, le respondió: "no, no, ella sería una jibarita", fusionando las palabras sibarita[1] y jíbara[2], para resaltar mi manera de comer, tal vez un poco sofisticada, pero a la vez sencilla, porque tampoco es que me entregara a tanto lujo.

Mi gusto por la comida es muy variado y, aunque a veces podría llegar a la sofisticación, suele ser bastante simple; además, pruebo todo lo que me den, incluso las cosas que sé que no serán totalmente de mi agrado; he degustado la comida gourmet, sin caer en el esnobismo, y tampoco ando siempre a la moda, así que no sé si podría calificarme a mí misma de foodie.

A parte de la comida, también soy aficionada al Dancehall, un baile jamaiquino de raíces africanas, y practico regularmente la meditación vipassana, de origen indio. Sobre estos dos temas también tengo historias qué contar, relacionadas con viajes y comida.

A través de este blog quiero hacer memoria, dejar mi testimonio y compartir mis experiencias de viajes que he hecho de todo tipo y la comida que los acompañó; transmitir esto a través de la palabra escrita es como más cómoda me siento.

Les doy la bienvenida, gracias por leer.


[1] 1. Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento. /2. Natural de Síbaris, antigua ciudad griega situada en el sur de Italia. /3. Perteneciente o relativo a Síbaris o a los sibaritas.[2] 1. Dicho de una persona: De un pueblo amerindio de la vertiente oriental del Ecuador.