Arroz con leche: vainilla Bourbon + oro |
Hojuelas de oro japonesas, un regalo que recibí en 2004. |
En Japón es común que en año nuevo se brinde con sake (nihonshū) al que le han agregado finas hojuelas de oro o plata comestibles, como el de la cajita que me regaló una señora cuando vine de intercambio en 2004; nunca lo usé y no sé por qué me lo traje en este viaje. Justo antes de partir, en diciembre de 2019, hice una limpieza premonitoria con la ayuda de mi hermana Gabi -tipo las de Marie Kondo, rebautizada por nosotros como "María Cóndor"-, en mi casa de Quito, y ahí lo encontré. Me olvidé del oro en los dos festejos de año nuevo que he pasado aquí en Japón, pero el otro día -casi 18 años después- decidí probarlo en un lujoso arroz con leche saborizado con vainilla Bourbon de Madagascar, que es otro ingrediente especial.
Es posible que el oro comestible tenga propiedades curativas, pero no es algo tan estudiado porque no es común en nuestra dieta; en lo que más se ha usado el oro -a parte de las joyas- es en odontología, por sus cualidades hipoalergénicas. Algunas culturas antiguas, como la egipcia, lo consumían en polvo. Los alquimistas creían que el oro daba buena salud y vida eterna y, en general, en la Edad Media era muy apetecido en Europa. En la actualidad, algunos restaurantes de lujo lo han incluido en sus recetas, que por cierto son carísimas. Aunque suele usarse más en comida dulce (India es el mayor consumidor, en especial para las tortas de boda), leí que el restaurante Industry Kitchen, de Nueva York, ofrece una pizza con foie grass, trufa y topping de hojas de oro de Ecuador, que cuesta nada más y nada menos que ¡2.000 dólares estadounidenses y por eso tiene un récord Guinness! (para que sepan a dónde va a parar una parte del oro de Zaruma).
En la comida, el oro es solo un lujo estético porque no aporta nada en sabor o aroma, ni en nutrientes, ya que sale del cuerpo tal cual entra. El oro para consumir debe ser de 22 a 24 kilates, cortado en finas láminas, en hojuelas, copos o en polvo, y puede tener una aleación de plata y cobre puros en un 5%. En agosto de 2020, una onza de oro llegó a costar más de USD $2.000 (su máximo histórico, según el portal BBC Mundo).
Arroz con leche solo con vainilla Bourbon. |
En cuanto al arroz con leche, nunca lo había preparado antes de venir a Tottori, pero lo comí muchas veces en Ecuador en las casas de mis tías abuelas, en Quito, o como postre de la fanesca. Por no desperdiciar el arroz, se me ocurrió prepararlo para hacerles probar a los japoneses que, a pesar de comer tanto arroz -de todas las formas posibles- no lo consumen así (un amigo boliviano, que vive aquí, me dijo que sería como para nosotros el anko, que parece una menestra dulce de fréjol). Buscando recetas me encontré con que el arroz con leche se hace en muchos países del mundo (en inglés se llama rice pudding) y que llegó a América con los españoles, como tantas comidas.
Frasco de vainilla Bourbon en Japón, 2 vainas a USD $6. |
La vainilla (Vanilla Planifolia) es una vaina que sale de una orquídea de origen mexicano, los aztecas usaban sus semillas y pulpa para aromatizar su bebida de cacao; fue llevada por los españoles a Europa en el siglo XVI, después de la conquista. Por muchos años, México dominó el mercado, hasta que en 1860 lo superó Madagascar. Para Jordi Roca, el famoso chef catalán del restaurante Celler de Can Roca, es un producto muy noble al que lo compara con el caviar cuando explica –en un curso online pregrabado– cómo elaborar el helado de vainilla que vende en su heladería Rocambolesc, en España; la que utiliza es la de Tahití, una de las tantas variedades que existen. A Japón se importa la de Madagascar y el frasco con dos vainas cuesta USD $6. En la actualidad, la isla africana es el mayor productor mundial de vainilla Bourbon, una denominación de origen cuya finalidad es darle distinción a una vainilla muy apreciada por su delicadeza y aroma únicos. Como dato curioso, la vainilla es la segunda especia más cara del mundo, después del azafrán. Los franceses la introdujeron en África en el siglo XIX, primero en la isla Reunión, en el océano Índico, que antes se conocía como isla Bourbon, de ahí su nombre. Según diario El Mundo, el 85% de las vainas de vainilla proceden de ahí y Europa consume el 50%; además, menos del 1% de lo que comemos con “sabor a vainilla”, lleva vainilla de verdad, lo que se usa es una sintética que imita la vanilina o vainillina, el compuesto que le da su sabor característico.
Además, la inestabilidad de la vainilla la hace un cultivo difícil, sus flores se polinizan a mano (técnica descubierta, en 1841, por Edmond Albius, un esclavo africano) y solo florecen una vez al año; después de la cosecha, el proceso de curado y almacenamiento también resulta complejo, cualquier error puede terminar en la pérdida de todo el esfuerzo. Existe mucha especulación en torno a su precio, que puede variar de entre USD $20 a 600 por kilo; lo que causa conflictos y violencia entre los campesinos y comerciantes de Madagascar, un país con 76% de su población viviendo en la extrema pobreza (El Mundo, 2019). Usar la vainilla recién sacada de su vaina, me encanta, pero la historia que hay detrás de la africana es triste. En Ecuador, la asociación indígena Kallari produce vainilla orgánica en la Amazonia, como una alternativa para generar ingresos entre las comunidades de Pastaza y el Tena; también producen cacao por eso venden tanto la vaina curada, como chocolates aromatizados con su propia vainilla, a la que le dicen “el oro verde” porque las vainas son de ese color recién cosechadas.
Foto: Pinterest. |