SOBRE UNA GRAN COCINERA ECUATORIANA QUE DIFUNDE Y REPRODUCE, FIELMENTE, LOS SABORES DE ECUADOR EN TOKIO Y SU PRÓXIMO PROYECTO EDITORIAL DE GASTRONOMÍA ECUATORIANA EN JAPONÉS
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Ximena, feliz con sus plátanos verdes. |
¿Por qué te empezaste a interesar en la cultura japonesa y cómo llegaste a vivir en Japón?
No lo tenía planeado. Mi esposo es japonés, pero lo conocí en Estados Unidos cuando ambos vivíamos allá por estudios. Aunque él no pensaba regresar, las circunstancias se dieron y se le presentó una oportunidad de trabajo. Así que, por la crisis económica de 2008, dejó la empresa que tenía con su hermana en Orlando y decidimos venirnos a Japón. La verdad, yo tenía recelo porque, como típica ecuatoriana de mi generación, había aprendido muy poco sobre los países asiáticos, la única referencia que tenía era la participación de Japón en las guerras mundiales o el tema de las bombas atómicas. Y, obviamente, por la ignorancia que tenemos sobre Asia, llamamos a todos chinos. Así llegué a la universidad y la primera clase que tuve fue de inglés, con otros estudiantes extranjeros. Ahí aprendí un poquito más, pero no tenía interés en Japón en particular, hasta que lo conocí a mi esposo y porque en Estados Unidos estuve más expuesta a la cultura japonesa.
¿Qué fue lo más difícil de adaptarse a la cultura japonesa?
Yo creo que nunca te terminas de acostumbrar. Ya viviendo en Japón, lo más difícil fue, y sigue siendo, el idioma y también la forma de pensar, que es muy opuesta a la de Occidente. En cosas mínimas hay una diferencia muy marcada, entonces tienes que aprender a navegar entre las dos culturas y buscar un balance. Pero para mí, lo más frustrante ha sido el idioma. Yo siempre digo: aquí llegas y te vuelves analfabeta; de la noche a la mañana eres ciega, sorda y muda. Porque no puedes hablar, no puedes leer y no puedes entender, no es como un idioma que usa el alfabeto romano como el francés o el italiano, que se parecen al español. Ahora con el iphone y google es una maravilla, pero imagínate hace 10 años, cuando no había nada de eso, peor hace 20, 30 y más. Y también a la edad en que yo vine –aunque no tan mayor–, sí se me hizo difícil ponerme a aprender japonés, por eso ya tiré la toalla. Tendría que irme al inaka (campo) para aprender.
Lo que me llama la atención es que solo hay una sopa. Yo soy serrana, por eso crecí tomando sopas, una distinta cada día del año; en cambio aquí es miso soup para todo, todo el año. También me llama la atención las porciones que sirven; si pensamos en platos ecuatorianos como la fritada o los llapingachos, a los japoneses les causa un impacto ver todo en un solo plato y mucha cantidad, porque aquí todo es delicadito, bonito y muchas cosas pequeñitas, no sirven el plato completo como nosotros. Y fusión, sinceramente, no he hecho nada, porque en eso sí soy bien ecuatoriana, de eso me acusa mi familia. Desde que salí de Ecuador, siempre quería duplicar el sabor ecuatoriano y cada vez que veía algo mezclado, lo rechazaba.
¿Cómo aprendiste a cocinar?
Siempre me ha gustado la cocina. Lo primero que aprendí fue locro de papa en olla de barro, en el jardín de mi casa. Desde pequeña cocinaba con mi mamá, que siempre decía que odiaba cocinar, pero cocinaba rico. Y la influencia más directa que tuve fue de una tía política –de ascendencia alemana–, que era la encargada de la familia de hacer platos especiales. Nos enseñó cosas que en ese tiempo no había en Ecuador, como los huevos de pascua, panes europeos, pavo –que en mi época no era común–, encurtidos (pickles), salchichas, ella vivía en la cocina y a mí me gustaba estar ahí, porque siempre había gente; eso es lo que más extraño, la comida que llama y une. Creo que al no vivir en Ecuador, la cocina ha sido mi manera de jalar a la gente para sentirme acompañada. En los Estados Unidos, mi ídola era Martha Stewart, que era muy popular cuando llegué, la amaba; fue quien puso de moda y elevó el home cooking en los 2000. Todavía está activa, pero en los 90 y 2000 era famosísima, y aún sigue siendo un referente.
¿Qué tal ha sido tu experiencia con la difusión de la comida ecuatoriana en Japón?
Al principio cocinaba solo para mí, para pasar el antojo y, como en los primeros años yo vivía en el centro de Tokio, era difícil conseguir ingredientes porque no sabía a donde ir, por eso hacía lo que encontraba. Luego, por medio de una señora que había estado en Ecuador, empecé a dar clases en un community center en Tokio. Una vez, ella vino a comer a mi casa y le gustó, y así fue que me pidió que diera clases de cocina a sus estudiantes, que era un grupo de señoras japonesas a las que les enseñaba español Algo que me sorprende es la obsesión que tienen los japoneses por la comida y que les gusta aprender de otras culturas. Después tuve otros grupos y, cuando ya vine a vivir a las afueras de Tokio, fue como estar en Disneylandia, porque aquí estoy rodeada de huertas. Comencé a encontrar otras cosas como rábanos, cebolla roja –que antes no conseguía o era súper cara– culantro, higos –que no encontraba en Tokio–. A veces uno piensa que no se puede cocinar ecuatoriano, pero en realidad sí, porque lo básico es el refrito y las papas, que sí hay. Lo primero que les enseñé a las señoras fue el menú básico que tenía que ser de tres platos: como plato principal siempre seco de pollo; y, si es invierno, sopa de quinua o de arroz de cebada y, si es verano, ceviche de camarón; de postre, empanadas de viento pequeñas con azúcar o buñuelos. Y también jugo, cuando encuentro frutas como maracuyá.
¿Qué has preparado hasta ahora?
Mejor pregúntame qué no he preparado, porque en estos últimos tres años me dediqué a buscar ingredientes, hasta hice papas con cuero y tripa mishki. No todo sale igual, pero sí sale. Encebollado también hago porque consigo de vez cuando yuca fresca, aunque también hay congelada. Pero si no hay yuca, hago con satoimo (taro) o papa. Cuando uno piensa en hacer encebollado, la primera reacción es que no se puede. Pero una vez que se piensa en qué se necesita, en realidad hay todo, solo la yuca podría fallar. También he hecho tamales de gallina, pero esto último con trampa porque los hice con harina traída de Ecuador, eso no se puede hacer igual aquí, son los tamales de fin de año que comía en Ambato. He hecho quimbolitos, bollos de pescado, pan –que aprendí el año pasado, porque siempre he sido panera, como buena ambateña–, por eso hago la colada morada con guaguas de pan para el día de los muertos, en noviembre, así como la fanesca de Semana Santa, en abril; también cazuela, seco de chivo (de borrego) –hasta hago mi propia chicha porque no me gusta el seco hecho con cerveza–. De sopas he hecho casi todas. Lo que no he podido hacer es humitas, eso nunca he hecho porque no paso aquí en el verano y esa es la época de choclo en Japón.
¿Qué respondes cuando te preguntan cuál es la comida típica de Ecuador?
La comida ecuatoriana es súper desconocida, en general; cuando me preguntan qué es la comida ecuatoriana, nunca sé bien qué responder. Digo: es la sopa, el segundo y el juguito; me pregunto ¿qué la distingue de otras comidas? Es difícil responder con un solo plato sobre qué sería lo típico ecuatoriano. Aquí en mi casa no falta la sopa, mi hija es como la Mafalda, odia la sopa, pero en mi casa hay sopa todo el tiempo. Diría que las sopas son súper ecuatorianas.
¿Qué proyectos tienes relacionados con la comida?
Cuando hubo disponibilidad del plátano verde –hace unos 7 años–, comencé a practicar recetas que en Ecuador no había hecho, como las empanadas de verde o las cazuelas. Y por eso, hace un par de años decidí crearme una página de Instagram, para tener donde publicar las fotos de lo que preparaba. Luego, la Embajada de Ecuador me invitó a participar en la convención Foodex de 2019, que es una de las convenciones de comida más grandes del mundo, y se hace aquí en Tokio una vez al año. Vinieron varias empresas ecuatorianas con productos nuevos y querían tener una persona cocinando, en especial con el plátano verde, que ya se importa con regularidad. Con esa experiencia pude notar que los japoneses tienen interés, pero no saben qué hacer con el verde, ni siquiera saben cómo pelarlo. Por eso, le propuse al señor que importa que hagamos un cooking tour, para que los japoneses aprendan a usarlo y su producto en los supermercados tenga más aceptación. Aquí no se consume el verde todavía, es más para los latinoamericanos.
Y, el año anterior, en una reunión de la Embajada, nació la idea de hacer un recetario en japonés con el material que tenía y, junto con otros compatriotas de la Asociación de Ecuatorianos en Japón, decidí trabajar en este proyecto. La Embajada nos apoyó con el costo del diseño digital y editorial que está a cargo de Nichole Fiorentino, otra ecuatoriana que estaba estudiando aquí en Japón. Esperamos que salga a fin de año. Primero lo vamos a editar en digital y, después, queremos conseguir fondos para la impresión. Para este proyecto, primero había hecho una lista muy larga de recetas, pero luego, siendo realista, elegí platos que se pudieran hacer aquí fácilmente. Porque, por ejemplo, para el quimbolito, hasta para mí era difícil conseguir la hoja de achira, la tuve que sembrar yo misma; o tenía que rogar que me vendieran los higos verdes para los higos con queso. Este recetario es mi contribución a Japón, mi kimochi a los japoneses, lo que yo puedo dar a cambio de lo mucho que he recibido. Y el título que tengo pensado es “Ecuatoriana”, porque yo soy ecuatoriana y la comida también. Es la oportunidad de ofrecer algo bonito y bien hecho que represente a Ecuador y qué mejor que dando a conocer su gastronomía.
¿Qué tan difícil te ha resultado conseguir ingredientes para preparar comida ecuatoriana en Japón?
En Tokio ahora consigues todo, pero depende de qué precio quieres pagar, ese es el problema, que es muy caro. Hasta maracuyá fresco consigues para hacerte una avena quáker o para el seco con jugo de maracuyá. La disponibilidad del verde ayudó muchísimo, porque hay muchos platos que se cocinan con verde, pero no hay siempre.
¿Qué crees que es lo que más les gusta o les podría gustar a los japoneses de la comida ecuatoriana?
No sé si es porque los japoneses son tan educados y buenas gentes, pero todo lo que cocino les encanta. Desde la cazuela hasta la fritada, aunque les parezca un poco pesada, sí les gusta, pero todo en porciones más pequeñas. Si en algún momento hay un restaurante ecuatoriano, sería bueno pensar en la presentación, porque si aquí les pones todo en un solo plato, se desmayan. También del seco les encanta la salsa, los llapingachos, el pan con queso o el ají. Son cosas tan sencillas que no sé si me dirán en serio.
¿Cómo es la comida en tu casa y qué es lo que más le gusta a tu familia?
Mezcladita: estadounidense, ecuatoriana y japonesa. Pero yo creo que tiene más tinte ecuatoriano porque, al menos en el invierno, no faltan la sopa y la carne; como soy serrana, le tengo todavía miedo al pescado. Mi esposo y mi hija comen todo, mi hija es la clienta número uno de los quimbolitos, las empanadas de verde, los bolones; a mi marido le encantan el corviche, la cazuela y las sopas le gustan todas, hasta consigo tostado, que también le gusta.
¿Qué es lo que más extrañas de la comida de Ecuador?
El seco de chivo (borrego), que es mi favorito de toda la vida, es el que más extrañaba y no lograba sacarle el sabor, intenté muchas veces hasta que le atiné. Y lo que más extraño, que no encuentro aquí, son los choclos y el queso, que en Ecuador son muy distintos.
Si pudieras traerte un ingrediente ecuatoriano que no hay en Japón, ¿cuál sería y por qué?
Dos frutas: naranjilla y tomate de árbol. Porque me encanta el jugo de naranjilla, la puedes usar para hacer los secos también, o se puede hacer helado y pie, y el tomate de árbol para el ají y para jugo también.
Y la última pregunta, por saber tu opinión: ¿por qué crees que hay poca migración japonesa a Ecuador y poca migración ecuatoriana a Japón?
Que haya pocos japoneses en Ecuador creo que es simplemente por falta de información y poca relación entre los dos países. La globalización ha sido tremenda y el turismo ha cambiado mucho desde que yo viajé en mi época universitaria. No había suficiente promoción del Ecuador acá, hasta ahora te preguntan dónde está. Es muy distinto el caso de Perú y Brasil, por ejemplo, que tienen más relación con Japón por la inmigración japonesa que hubo a principios del siglo XX, pero con Ecuador no fue igual. Sobre los ecuatorianos que vivimos acá, ahora creo que somos cerca de 300 registrados, pero antes eran muy pocos los migrantes; la mayoría eran mujeres ecuatorianas casadas con profesionales japoneses, ese tipo de inmigración. Y creo que lo que la dificulta es la distancia y el idioma, porque la mayoría de ecuatorianos que salen del país suelen hacerlo en busca de una mejor vida y oportunidades y Japón es muy difícil, aun viniendo en buenas circunstancias.
Por: La jibarita trashumante
Gracias por leer.
Fotos cortesía de Ximena Cisneros.